
Las actividades de las piraguas pueden, ciertamente
clasificarse en tres grandes etapas, a saber, la
etapa colonial en la que se da el surgimiento de la
piragua como embarcación, donde recibe la influencia
de las grandes embarcaciones provenientes de alta
mar y que precisaban adecuarse a las aguas poco
profundas del Lago de Maracaibo, las cuales poco a
poco fueron adaptadas a las diferentes necesidades
de carga.
Los indígenas Paraujanos son, a nuestro entender,
los principales constructores de las piraguas ya que
estas personas estaban adaptadas a vivir en las
aguas del lago obteniendo de éste su sustento
diario, no es raro pensar entonces que además de
construir palafitos para habitar sobre el agua,
también construyeran embarcaciones para trasladarse
en función de sus necesidades, esta afirmación es
corroborada tanto por Augusto Pradelli, realizador
del cortometraje “Piraguas” como por el investigador
del Acervo Histórico del Estado Zulia, Iván Salazar.
En la etapa
republicana, previa a la gran explotación petrolera
las piraguas se utilizaron para el transporte de
pasajeros, animales, alimentos, materiales para la
construcción, cada una adaptada a su uso particular,
en fin, todo tipo de mercancía, por cuanto las
carreteras no existían y por lo tanto toda las
mercaderías, animales o pasajeros tenían que ser
transportados en piraguas o probablemente en goletas
o bongos, pero eran las piraguas las mejor adaptadas
para navegar por el lago.

Esta situación dio como resultado una gran
proliferación de estas naves, que según los
tripulantes actuales podían llegar a contarse más de
trescientas. Por otra parte, la ciudad de Maracaibo
experimentó un gran desarrollo gracias a esta
actividad comercial, muchas firmas extranjeras se
instalaron en la ciudad distribuyendo sus
mercancías, y adquiriendo las locales, pero lo que
es más importante e intangible fue el intercambio
simbólico que esta situación produjo; es decir, las
ideas, noticias, usos y costumbres fueron, además de
los productos, diseminadas por las piraguas en todos
los puertos que visitaban, lo cual puede apreciarse
hoy en día al notar las diferencias que existen
entre los habitantes del estado Zulia y las del
resto del país.
En la tercera etapa, posterior al advenimiento
petrolero comienza a gestarse lo que podríamos
llamar, el fin de esta actividad, ya que aún cuando
algunas personas han manifestado que el petróleo
nada tuvo que ver con la disminución de las piraguas
y que la razón estaba relacionada con la
construcción del eje vial que unió al Zulia con el
resto del país, lo cierto es que este desarrollo
vial no se hubiera dado con tanta rapidez de no
haber sido gracias a la renta petrolera.
Las piraguas actuales difieren de las antiguas
principalmente en su tamaño, debido a que al
reducirse la cantidad de mercancía a transportar,
también lo hicieron las piraguas, del mismo modo las
piraguas de hoy día son mucho más sencillas de
conducir que las anteriores, ya que utilizan motores
más modernos que sólo requieren de una persona para
ser operados. Actualmente las piraguas hacen un
esfuerzo por mantenerse en funcionamiento, pero cada
vez es más difícil para sus propietarios conseguir
entre otras cosas quien las repare, tomando en
cuenta que ya no se fabrican estas embarcaciones y
además escasean los marinos dispuestos a navegar en
ellas. |
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Ancladas en el puerto de Maracaibo, mejor conocido
como el Malecón es posible contemplar las que
posiblemente sean las últimas piraguas que surquen
las aguas del lago.
¿Cuál será su destino final?
La
Margarita y La Firma de Oro, han navegado aquí por
muchísimos años, antiguamente transportando gran
cantidad de productos, pero en la actualidad
dedicadas mayormente al transporte y
comercialización de abono, el cual es sustraído de
la desembocadura del Río Bravo a pocos metros de
Congo Mirador.
Al estar dentro de una piragua se tiene la sensación
de navegar en el tiempo hacia la Maracaibo del siglo XIX. Su estructura de madera vieja se encuentra
tallada con las marcas que los chubascos en ellas
han dejado, o quizás también el peso de la carga
halla roído su cubierta, la que produce un sonido
parecido al que se escucha cuando mecemos una
hamaca. Allí se respira un aire casi místico con la
omnipresencia de la Virgen del Carmen, San Benito y
las Tres Divinas Personas, que con sus velas
encendidas durante toda la travesía acompañan a
marinos y pasajeros en las largas horas a través de
las aguas del lago.
Vista de cerca una piragua es mucho más grande de lo
que parece, sus casi quince metros de largo por
aproximadamente cuatro de ancho le proporcionan una
gran envergadura. Por debajo de la cubierta existe
una espaciosa bodega de carga donde es posible
almacenar hasta dos mil quinientos sacos de abono o
de sal en la parte frontal se depositan las pipas o
toneles que contienen parte del gasoil necesario
para el viaje, además están ubicadas en ese lugar
las cuerdas de amarre, el ancla y el mástil, antiguo
vestigio que quizá estas embarcaciones conservan de
aquella época en la que utilizaban las velas para su
locomoción.
La cabina ocupa casi la mitad de la piragua, esta
posee una serie de pequeñas ventanas cuadradas con
marcos pintados de colores. Allí es donde se
encuentra el timón, además esta sección techada
sirve de resguardo a la tripulación y a los
pasajeros contra los elementos y al mismo tiempo es
utilizada como zona de carga. En la parte trasera,
antecedidas por el motor, de un lado se encuentra la
cocina y la despensa donde se guardan los alimentos
necesarios para el trayecto y del otro, divididos
por la ventana trasera, se encuentra el baño, toda
una comodidad para los pasajeros en estos largos
periplos, el ruido producido por la maquina es
verdaderamente ensordecedor, se hace necesario
hablar con fuerza para hacerse escuchar.
De Maracaibo las últimas piraguas navegan por
el lago uniendo a la ciudad con un lugar que parece
congelado en el tiempo.

Congo Mirador es una población palafítica de
pescadores ubicada al sur del lago de Maracaibo, que
se levanta en la desembocadura del Río Bravo, a dos
horas y media aproximadamente, en lancha a motor,
desde Santa Bárbara del Zulia, con todas las vías de
acceso fluviales. Viven en él alrededor de
doscientas familias. El poblado se originó hace más
de 170 años, cuando un pescador, muy probablemente
originario de la población de La Cañada de Urdaneta,
según lo cuentan sus habitantes actuales, construyó
un rancho para pasar las noches de cansancio, luego
se fue agregando uno tras otro con sus respectivas
familias hasta conformar el poblado que hoy
conocemos, con más de 700 habitantes. Según los
relatos, en principio se trataba de dos pueblos
separados: Congo, por su semejanza con el Congo
Belga, debido a lo selvático de la zona; y Mirador,
por causa de una edificación de gran altura que allí
existió, que con el paso del tiempo se unieron dando
como resultado lo que actualmente se conoce como Congo Mirador.
Su estructura ofrece cierta simetría, las casas
están perfectamente alineadas y semejan un diagrama
sobre el agua. La civilización no ha entrado con
todos sus beneficios a este lugar, apenas si gozan
de una pequeña planta de electricidad. Sus hijos van
a la escuela, y practican los deportes tradicionales
adaptados al agua. Hace algunos años, con ayuda del
gobierno regional les fue construida una iglesia, en
reemplazo de la anterior, la cual ya se encontraba
en mal estado. Su dieta básica es el pescado, pero
además poseen lugares acondicionados sobre el agua,
para la cría de animales como cochinos y gallinas.
La pesca está disponible en variedades como el
bocachico, el pámpano, la mariana, el armadillo, el
bagre blanco y la doncella, entre otros. Los
miembros de estas familias han aprendido el proceso
de salar el pescado y las carnes, los cuales en
algunos casos son enviados a Santa Bárbara del Zulia
para ser vendidos. Sus peculiares condiciones de
vida han generado un proceso migratorio, sobre todo
por parte de los jóvenes, ya que allí sólo disponen
de educación básica, lo que les obliga a trasladarse
a ciudades como Santa Bárbara o Maracaibo.
Como pueblo de agua sus casas están formadas por
listones de ceiba, vera, zinc y cemento, con pilotes
clavados a mano, sobre los cuales se levanta una
planchada, que sirve de soporte a la residencia.
(Hernández. L, 1999:689-90).
Congo Mirador es una población con características
únicas, su fisonomía y el estilo de vida de sus
pobladores representan una muestra actual de la
forma de vida de los primeros pobladores de las
aguas del Lago de Maracaibo, sus pobladores, quienes
por su particular forma de vivir están, entre otras
cosas, sometidos a condiciones de salud bastante
deficientes, donde la carencia de servicios tales
como agua potable, descargas de aguas negras y
recolección de basura son prácticamente nulas.
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